martes, 24 de julio de 2012

Nortenorme y Las nieblas de Avalón

Qué me gusta del Norte? Que es enorme!!!
Que me conecta con la sensación de que se puede todo y de que nada es tan grave.
Que me permite ser más allá de mi misma, su enormidad me libera.
Que siendo el cielo tan azul y el sol tan fuerte no hay nada que temer.

La sensibilidad de alguna gente despojada de algunas cosas…
Otras vidas posibles, otras miradas, otras formas de ver.
El cielo, la tierra, el aire… los colores.
Cierto nivel de detalle que me dá escalofrío, casi irreproducible…

Un clima de honrar la vida en si misma, amor y paz. Seré idealista?
Love is all we need!

Lo lejos que nos vamos no se define tanto por los kilometros recorridos como por la distancia que el alma toma. Cómo se vuelve de algunos lugares? Se vuelve?

Me acompañó un super libro, perfecto en su ser y en el momento en el que llega a mi. “Las nieblas de Avalón” de Marion Zimmer Bradley, una obra de arte, de aventuras, de amores, de locuras, de otros mundos posibles, belleza pura!!!. “Libro iniciático” me dijo su dueña que me lo prestó generosa, posibilitada, mujer especial, mujer abrecaminos… Gracias Anita!!!

Power cita:

"Y todo volvió a desaparecer, en tanto la luna llena, serena y orgullosa, se elevaba por encima de las nubes que la habían ocultado a la vista. Bañada por la luz de la Diosa, que la inundaba, dejó de ser Morgana. No tenía nombre; era sacerdotisa, doncella y madre. Le colgaron una guirnalda de bayas carmesíes sobre la ingle; el brutal simbolismo la lleno de súbito miedo. Sintió todo el peso de la virginidad recorriéndola como la marea primaveral. Una antorcha resplandeció ante sus ojos; la llevaron a la oscuridad, a una cueva llena de silencios y ecos. Alrededor, en los muros, se veían los símbolos sagrados del ciervo y los cuernos, el hombre astado, el vientre hinchado y los pechos plenos de La Que Da la Vida...

La sacerdotisa acostó a Morgana en el lecho de pieles de ciervo. Tuvo frío y miedo, y se estremeció, y la anciana arrugó la frente en un gesto de compasión. Luego la rodeó con sus brazos y la besó en los labios, y Morgana se asió a ella con súbito terror, como si fuera su madre. Luego la mujer volvió a besarla, sonriente, y le tocó los pechos en señal de bendición. Y se fue.

Se quedó acostada allí, rodeada por la vida de la tierra; tenía la sensación de expandirse, de llenar toda la cueva Por encima de ella, la gran figura de yeso, hombre o ciervo, marchaba con el falo erecto. La luna invisible de fuera le llenó el cuerpo de luz, en tanto la Diosa corría por su interior, cuerpo y alma. Alargó los brazos, sabiendo que fuera de la caverna, a la luz de los fuegos fecundos, hombres y mujeres se unián atraídos por las corrientes palpitantes de la vida. La niña pintada de azul cayó envuelta por los brazos de un anciano cazador; Morgana percibió su breve forcejeo y su grito, antes de abrir las piernas a la irresistible fuerza de la naturaleza. Veía sin ver, con los ojos cerrados por el fulgor de la antorcha, oyendo los gritos.

Ahora él estaba a la entrada de la cueva, ya sin los cuernos, con el pelo manchado, el cuerpo untado de azul y de sangre, blanca la piel como el blanco yeso de la gran figura. El Astado, el consorte. Él también se movía como aturdido, sin más vestimenta que una guirnalda colgándole sobre la ingle, erecta la vida en él. Se arrodilló a su lado; era casi un niño, alto y rubio. "Por qué eligieron a un rey que no es uno de ellos?", el pensamiento le cruzó la mente como un rayo de luna y desapareció; ya no pensaba.

Ha llegado el momento de que la Diosa dé la bienvenida al Astado... Él se arrodilló junto a las pieles, bamboleándose, deslumbrado por la antorcha. Ella le asió las manos para atraerlo sobre sí, sintiendo el suave calor, el peso de su cuerpo. Tuvo que guiarlo. Soy la Gran Madre que lo sabe todo, doncella, madre y omnisciente, que guía a la virgen y a su consorte... Aturdida, aterrada, exaltada, consciente sólo a medias, movió el cuerpo involuntariamente, guiándolo fieramente hasta que ambos se movieron juntos, sin saber de qué poder eran presas. Ella se oyó gritar, como desde muy lejos, y oyó la voz estremecida de él en el silencio. Nunca sabría qué clamaron los dos en aquel instante. La antorcha chisporroteó antes de apagarse. Y él estalló con toda la furia de su vida jóven, vaciándose en el vientre.

Gimió y cayó sobre ella, sin más señal de vida que su respiración agitada. Morgana lo apartó con suavidad, sosteniéndolo con calidez, y recibió su beso en el pecho desnudo. Lenta, cansadamente, volvía a respirar con normalidad. Un momento después dormía en sus brazos. Ella le besó el pelo y la mejilla suave con salvaje ternura. Después se quedó dormida.

Cuando despertó, la noche estaba muy avanzada; el claro de luna se filtraba en la cueva. Estaba totalmente agotada y con el cuerpo dolorido; al tocarse entre las piernas notó que sangraba. Se echó el cabello húmedo hacia atrás, observando la figura laxa y pálida que dormía a su lado, totalmente exhausta. Era alto, fuerte y hermoso, aunque no llegaba a ver con claridad sus facciones. La mágica videncia la había abandonado. Ya no era la sombra de la Gran Madre, sino Morgana. Todo lo sucedido estaba claro en su mente."

ay qué bien que me hace volver a pasar por letras hermosas!!!, me sana, me salva, me ayuda, me transporta!!!


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