jueves, 3 de octubre de 2013

RENACER 42

amar hasta morir... 
sublime amor...
amor sexual...
tierra en el alma...
alma en paz... 
humanos encarnados...
entre el cielo y la tierra...
vuela alto!

Sabias palabras:

"frente a todo despertar del amor físico en el alma, debemos aprehender los sentimientos que allí germinan como parte de nuestra propia capacidad de amar, independientemente del Ser que los haya despertado. El otro Ser no nos brinda ningún atributo que nosotros no poseamos, solamente los despierta.
Lo dicho no le arrebata nada al misterio del amor; solamente procura evitar que lo inmensamente bello que éste puede despertar en nosotros se pierda, se evada o se marchite ilusoriamente detrás de algún abandono.
En el complejo proceso humano de enamorarse es harto difícil poder separar la ternura, la calidez o la bondad que se han despertado en nuestra propia alma, de la poderosa ilusión física que representa la persona amada, que pertenece, obviamente, al mundo exterior a nosotros. 
Ese mundo exterior siempre será cambiante y susceptible de producir los acontecimientos más inesperados, nunca exentos de placer y dolor (de acuerdo al karma de cada individualidad).
El sentimiento de amor humano oscila entre dos estados muy particulares del alma: un profundo egocentrismo, casi puro egoísmo, y una tendencia a la emancipación total, o camino hacia la libertad. Tal es la realidad del Yo humano en su eterno devenir entre la tierra y el cielo. 
Cuanto más se encadena el Yo a la corporalidad más se esclaviza -amor sexual-, y cuanto más se independiza de ella más libre se torna -amor sublime-.
En la vida humana coexisten los distintos grados de amor, y es difícil encontrarlos en su forma pura. 
Sin embargo, a la etapa de la madurez, a partir de los 42 años, en que comienzan los septenios del Espíritu, viene aparejado el despertar pleno del amor sublime, que brilla como una estrella más en el firmamento de la condición humana."

de Roberto Crottogini, "La tierra como escuela".

Gracias Meri de mi alma!!!

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