sábado, 22 de noviembre de 2014

Juana la loca, intensidades y lecturas... gracias por los hábitos que supimos conseguir!!!

Agradezco a la vida que me haya tocado ser de esas personas que gustan de leer,
sumergirme en otras vidas, vibrar historias, intensidades ajenas que resuenan en mi mundo interno liberándome, haciéndome sentir acompañada, 
confrontarme con ideas elaboradas por otras mentes que invitan a pensar más allá de lo conocido, iluminando zonas por descubrir.

Cada vez que leo algo que me interesa intelectualmente o algo que me moviliza desde lo emocional, me siento afortunada por tener en mi maleta de recursos el placer por la lectura, habito que desde chica me abrió el mundo en todos los sentidos.

Hoy revalorizo y se me impone esta sanadora sensación habiendo terminado la bellísima novela de Giocoanda Belli "El pergamino de la seducción" versión de la historia de Juana de Castilla, Juana la loca. Cuánta pasión por la vida!

Me conmuevo totalmente ante estos testimonios de mujeres intensas que rompen las formas y quedan a cargo de sus amores, de sus deseos, de sus intenciones, de sus sinsabores, de sus renuncias, de sus luchas, sus batallas y sus triunfos, y es eso lo que hacen de su vida: puro ser! nada más y nada menos que ser hasta el fondo lo que son, alto destino!!!

La pasión y la intensidad que protagonicé junto a los personajes femeninos de esta historia, me acompañaron en días de esos en los que nada puede ser mejor que adentrarse en un relato que ayude a comprender las leyes de la vida, tan implacables como perfectas.

Unas poquitas citas darán cuenta de lo que expreso:

"Me enfurecía ser, desde tan niña, tan susceptible. A veces me abrumaba el miedo de que por mi tristeza nadie me quisiera".


"Concientes de lo poco que habíamos intervenido en los engranajes de nuestras vidas, intercambiamos, sin cruzar palabra, la certidumbre de que juntos descubriríamos nuevos usos para la libertad que nos concedería el matrimonio. Lo bien que se acoplaron nuestros silencios bastó para convencernos de que nos habíamos enamorado a primera vista".


"Pensé que era divertido que mis fantasías de niña se cumplieran así. No me había sentido vulnerable desnuda. Más bien experimenté mi piel como un campo magnético cargado de fluída energía. Aunque fuese una sensación nueva, mi instinto la reconoció".

"Extrañaba a mis criaturas. Imaginaba sus días, sus noches, y me dolían las yemas de los dedos por el deseo de acariciarlos".

"La tarde de campo, el olor de las encinas y los pinos, era jugo de la vida azotando mis pulmones sedientos de espacio abierto".



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